"El amor después del amor, tal vez se parezca a este rayo de sol..."
Fito Paez
Juego preliminar
Siempre he pensado que hay dos momentos trascendentales en la vida del ser humano como ente social y sexual, hablo de la sobremesa y la sobrecama.
Hoy está la convulsión por plasmar los diálogos, las risas, lo rescatable o lo que se quisiera dejar de lado. Esta convulsión puede ser propia o ajena, incluso la fantasía de lo que se quiso sentir o lo que se quiso decir. Hacer una secuencia de sobrecamas en donde cualquiera se puede descubrir, atormentar, regocijar, burlar o enojar, es el motivo y la causa final de esta compilación de introspecciones camales.
Adivinando
Te gustaba mirarme. Lo descubrí una noche después de haber estado quemando juntos las sábanas. Lejos de percibir cualquier efecto en tu voz, escuché que me decías con la voz ronca de tanto besarnos "me gusta tu espalda". En un tono que tú ya conocías te respondí sin mirarte "tú nomás dime y te la doy cuando quieras". Seguí sentada en la orilla de la cama, fumando, viendo sin interés las imágenes que corrían frente a mis ojos en la pantalla. "¿qué no habrá porno para mujeres?", "¿y de cuándo acá te interesa el porno?", "¿y por qué no?", "claro que hay porno para mujeres --dijiste como si fueras a dar una cátedra-- son las novelas", "no mames, las novelas no son porno", "por supuesto que sí, un porno del dolor, las buenas, que siempre están muy buenas, sufren como si en eso se les fuera la vida, pero al final, siempre se ganan al mamado de la novela"."Puros pendejos", "pero son los que les gustan". Apagué mi cigarro y te enfrenté "¿y cómo sabes tú que nos gustan los pendejos?", sonreíste "¿no estoy yo aquí?", "tú eres un aprendiz de canalla, no un pendejo... te salva el querer ser el malo".
Right on toon
Tus besos se llegaron a recrear,
aquí en mi boca...
Mi vida loca...
Baby you and me
We’ve got a groovy kind of love.
había un chorrito,
se hacía grandote,
se hacía chiquito...
pobre chorrito,
tenía calor.
tanta dulzura...
Fantasías
Lo suyo se basó en la fantasía: la fantasía del otro en la una, de la una sobre el otro, dos con uno y uno para todas. Metáforas matemáticas. El ludo en ecuación sin rostro.
Una noche, la luna les pegó con su guante de alcohol y ternura, de confesión y trago amargo.
Desvelándose el amor en donde no debió existir, te fue dejando, se fue yendo, se fueron quedando solos, absurdos, tacaños, vacíos, reales.
Gráfico
Dijiste "ve despacio" y terminaste.
Pequeñeces
Entonces cerraste la puerta. Te fuiste porque era necesario, importante, vital, espacial, natural, causal y factual. Saliste de la casa y me quedé sola frente a la que fue hasta ese momento nuestra cama; una cama enorme, digna de la pasión que vivíamos y a la que nos entregábamos sin tregua, una cama ahora vacía de ti.
“¿y eso?”, preguntas con sonrisa apagada sin apartarme de tu lado. “¿qué?” te contesto pegándome más a tu piel, siempre me ha gustado pegarme a ti después de hacer el amor, sentir tu respiración retomar su ritmo habitual me devuelve a la realidad suavemente, sabiendo que no necesito salir corriendo para sentirme segura de mí misma, autosuficiente, fuerte. “ya, deja de mover los pies bajo la sábana...” “¿mande?”, “sí, nunca he entendido por qué mueves los pies así...” “así, ¿cómo?” “Como si bailaras”... tomas el control de la televisión sin soltarme, sé que no te molesta el que mueva los pies, sólo te llama la atención, como si fuera algo nuevo a pesar de los años que llevamos juntos.
De cosas pares
Abres los ojos y te das cuenta de que el sol es el mismo que te despertó el día anterior, te sigue doliendo la mirada, como ayer, cuando dejaste de tomar por sentir los ojos a punto de estallar.
Fumándonos
Para el Mostro, porque se lo debía.
Acabas de encender el cigarrito. Me gusta sumergir mi nariz en esa metamorfósis olorosa, cuando el sexo puro se convierte en sexo nicotinado, quemado, cansado. Observo tus labios alrededor de ese pequeño falo de papel, plástico y tabaco; tus ojos se pierden en algún punto del techo, como si en realidad disfrutaras del "oral" que estás ofreciéndole al marlboro y mi mano acaricia sin ganas tu pecho, tu cuello. "¿Por qué fumamos después de hacer el amor?", te pregunto mientras robo de tus dedos el cigarro y me lo llevo a mis labios. "Por imitación". Sonrío, me gusta cuando dejas de lado la autenticidad y respondes sin pensar las respuestas. "¿pero, por imitación a quién?" "A las películas francesas, por supuesto", "mira tú, qué cosas... y cuántas películas francesas has visto en tu vida?" "ninguna, pero dicen que en las películas francesas los galanes siempre fuman después de coger", "tú siempre tan fino" te doy la espalda y me sigues en el movimiento hasta pegarte a mi cuerpo, como de cucharita.
Tu piel sigue tibia, cálida, agradable... "¿qué, qué dije?", "¿por qué dices "coger" cuando estamos hablando de "hacer el amor"?", "porque siempre me ha molestado que confundan o mezclen los términos. Hacer el amor es un anglicismo, faire l'amour era más bien tirar la onda, cortejar, enamorar, no encamarse... pero luego a alguien se le ocurre que suena mejor, más elegante, menos burdo, decir "hacer el amor", antes que "coger", "fornicar", "follar"... es el afán del ser social de no decirle a las cosas por su nombre..."
Sigues fumando y hablando como dándome una cátedra de las diferencias entre coger y hacer el amor y del por qué el ser humano tiende a encubrir sus intenciones cambiando palabras para obtener en su beneficio lo que el otro o la otra pueda ofrecerle. Realmente estoy cansada, sin embargo es un cansancio agradable, de esos que una siente en todo el cuerpo y no pesa, al contrario, los movimientos se vuelven más lentos, más nítidos, como si mis piernas, mis brazos, se fueran desdoblando en cada movimiento, como si pudieran ser infinitos.
Después de un "pero tú no me hagas caso" enciendes la televisión y cambias de canal varias veces. Me gusta estar contigo, fumar contigo, coger contigo. Sentir que no hace falta hablar de nosotros para sabernos, saber que más que el sexo, la afición por el cine, la inteligencia o lo que podamos llegar a vivir juntos, puede más en ti y en mí, el silencio de un cigarro compartido; aunque afuera, en la calle, en donde nadie sabe de nosotros, cada quien le rinda homenaje a su tabaquera favorita.
CANON
Fue el día de tu cumpleaños, al menos el cumpleaños que yo inventé para ti. Nunca habíamos vivido juntos ningún festejo y decidí que era un buen momento para festejarte. Después del milagro de tu cuerpo dentro del mío, me quedé sola, estoy sola. Sola en una casa que me desconoce y me abraza, que me envuelve y rechaza y me lleva a pensar en lo que soy, en lo que he sido, enloquecido trance al descubrirme: hembra, madre, hija. Mi cuerpo se confunde en esta casa tan sola, tan limpia, tan tuya. Casi puedo escuchar todavía tu voz apagada por la madrugada, decirme tantas cosas tan pequeñas pero que se hacen tan grandes salidas de tus labios... Nunca habíamos hablado tanto, no en una cama. Todavía mi cuerpo resucita la sensación de tu pierna atravesándolo, atrapándolo; es una sensación de pertenencia sin ser del todo, de reconocerme elemental como roca viva, como agua de manantial recién nacido.
El espejo del pasillo me devuelve una imagen que reconozco lejana, como de otro tiempo; cuando el deseo era lo primero que había que satisfacer, cuando la carne apremiaba y el tiempo se iba, se iba en artilugios de belleza: ejercicios, cosméticos, cosas que fui dejando y se fueron yendo y me olvidaron o me olvidé de ellas por tener otras rentas, otros piensos que creí más fuertes, más nobles incluso más sanos. Y hoy me descubro, no sin miedo, deseándote, buscándote, encontrándome con lo que llegué a sentír, vivir y desear.
Volver a sentirme básica, elemental, como tierra regada por agua fresca; como fuego avivado por viento nuevo. Y vuelvo a entender que el deseo, este que no se apaga, que no se ha apagado todavía por más que lo intentes, por más que lo intento, será la pauta para reconocerme, para volver sobre los pasos y reencontrar el camino, andarlo una vez más, aunque no sean tus brazos, tus miradas, las que me vuelvan hembra como lo han hecho desde hace tanto tiempo y desde ahora.
Con música de Bach recorro mis ideas y pienso otra vez en ti, en lo que has provocado, en lo que has manejado dentro de mí para traerme hasta aquí. Llegué y tus brazos fueron mi refugio, mi tormenta y mi calma. Tuve miedo al cruzar la puerta de encontrarme con vestigios de otras vidas y me encontré con tus ojos que me tranquilizaron y me animaron para adentrarme en tu mundo y aprender a conocerte por unas horas. Tuve miedo de encontrar vestigios de otras vidas en tu vida y me encontré con el espejo y su respuesta, la única: es un momento. Tres palabras tremendas que me trajeron de golpe hasta mis pies descalzos y comencé a bailar un ritmo no aprendido, improvisando movimientos como improvisé cada beso, cada caricia de la noche anterior. Bach acarició mis pies, movió mis brazos, me convirtió en mariposa volando en un altiplano verde, lleno de tus ojos, de tus manos que intentaban atraparme siempre para traerme hasta tu sexo. Tu sexo multiplicado en muchos sexos distintos y al mismo tiempo el que conozco y con el que me reconozco básica, viva, infinita. Sigo volando en un recorrido no planeado, vuelo de tu cama a la cocina, de la cocina al estudio, del estudio a la recámara y vuelvo a iniciar la ruta de siempre con vuelos distintos: paso por tus libros, los elijo, sé dónde está Nandino, dónde está Sabines, dónde está el Quijote. Alzo mis alas un poco más y me encuentro con la lámpara vitral que me antoja unas uvas, una manzana, frutas muertas para una boca viva.
La música se detiene y mis pies sienten de nuevo el aterrizaje, entonces me vuelvo hormiga, pequeñita, indefensa, bichito perdido de su escondrijo, de su rutina, de la vida que dejó atrás para encontrarse con otra vida, la misma que me compartes a veces, en ratos, en silencios que no interrumpo porque sé que no necesito decirte nada, hablar de nada porque me sabes toda, porque me intuyes siempre, porque sé que al hablar rompería este momento irrepetible, único en el tiempo, en nuestro tiempo. Son tan sólo unas horas, pero son tantas horas que no podría calcular los días que pueden ser tan pocos, que prefiero que sean minutos y así vivir cada uno de ellos como si fuera el último.
El Moro
Los dos sabemos que no puede pasar nada. No han sido necesarios las precauciones, estar atentos al calendario, hacer uso de preservativos, métodos de anticoncepción, remedios caseros contra el mal de amores. Y sin embargo…
El diagnóstico de los seis médicos que me han revisado nunca ha presentado diferencias. Soy estéril desde la tarde en que el Moro me levantó en astas por la ingle durante dos segundos, para luego soltarme violentamente contra la arena entre convulsiones, mis gritos y el silencio total del público. Me dicen, los médicos, la familia, los amigos, que corrí con suerte. El cuerno pudo haber llegado a perforar la arteria y hubiera muerto en cuestión de minutos…
Van a ser las 12, pronto se reunirán los apoderados para llevar a cabo el sorteo de los toros. Debo prepararme, remover de mi piel la sensación de su cuerpo sobre el mío, deshacerme de sus besos. Concentrarme. Abrir el sobre que ha dejado sobre la mesa, sabiendo de antemano la noticia que llegará para cambiarlo todo o seguir con todo como ha sido hasta ahora. La cama sigue el desorden de nuestros cuerpos.
— Pásame los cigarros del bolso — me ha pedido y ha salido el sobre entre mis dedos.
— ¿Qué es esto?— he preguntado casi sabiendo la respuesta.
— El resultado de mis análisis. Me he sentido cansada, mareada, con sueño… así que fui al médico y me mandó hacer los análisis, sólo por rutina… no creo que sea algo irremediable…
Son las doce. Pronto sabré si será el primero o el cuarto de la tarde. No puede ser otro. El Moro tiene una deuda conmigo y su hijo viene a cobrarla esta tarde. Han pasado seis años desde aquella faena. Y yo que creía que aquella sería mi tarde… seis años que he pasado con Mariana entre las sábanas. Seis años esperando encontrarme con el hijo de el Moro”, seis años luchando sobre esta cama con la misma mujer…
— ¿Has visto la hora que es?, me esperan en la promotora… casi no tengo tiempo para nada… ¿me pasas las medias?, gracias… no iré a la corrida, sabes que no soporto la angustia de verte en el ruedo… te espero aquí, todo saldrá bien… ¿quieres que traiga algo para comer, se te antoja algo en especial para la cena?... ahora me tengo que ir, si piensas en algo, si se te antoja cualquier cosa, mándame un mensaje al celular, ¿va?, cuídate. Bye.
El sobre, Mariana, el Moro, la vida… ¿es posible que en una tarde se resuelva todo?, Mariana no sabe que me enfrentaré, si Dios quiere, contra el hijo del Moro, como no tampoco sabrá que seré el primero en leer el resultado de sus análisis.
— Jesús, qué bueno que me llamas, cuéntame, ¿hicieron el sorteo? Sí es nuestro toro… bien. El hijo del Moro el primero… “Morillo”, menudo nombre… y el Pinto el cuarto. Gracias, nos vemos más tarde.
EPÍLOGO
La nota en el noticiero:
El día de hoy se visitó la casa del que hasta ayer fuera el más grande torero que ha dado nuestro país en los últimos años. El matador Joaquín Bustillos, enfrentó el día de ayer al primero de la tarde, “El Morillo”, hijo del Moro, que fuera el toro que hace seis años lidió en esta misma plaza, sin poder llevar la faena a término por la terrible embestida que recibió entonces. En aquella ocasión, Bustillos ha pedido el indulto para el Moro antes de salir del ruedo, mismo, que en un acto insólito, fue concedido por el juez de plaza. Ayer, el Morillo no ha agradecido el perdón que el torero concediera a su padre hace seis años, dando como resultado el fatal acontecimiento que todos conocemos. Todavía está encendido el altar a la Virgen María y al Sagrado Corazón de Jesús, como esperando ser apagado por el mismo Bustillos. Le sobreviven su esposa, Mariana Bustillos quien, devastada, ha dado la noticia del embarazo de quien sería el primogénito del Torero. Hasta aquí la noticia.


4 comentarios:
Ja, segundo intento para que me aprueben publicar mi comentario, los anteriores, se borraron y ya ni me acuerdo que puse... saludos... chido blogg
tercer intento... espero lograrlo esta vez... Saludos
ah, creo que si se guardò verdad... chale y yo aquì volviendo y volviendo a escribir... ya pues
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